Los motivos de María Rivas

M

aría Rivas tuvo muchos “Motivos” en la vida. Quizá el más importante de ellos era superar el cáncer y seguir con su pasión por la música, pero este jueves 19 de septiembre, “la rubia con voz de negra”, como la bautizara el excelso Gerry Weil, murió a los 59 años de edad.


Precisamente el título del popular bolero de Italo Pizzolante engalanó su último disco en estudio, de los once que grabó como solista. Aunque la producción de sus compactos inició en la década de 1990, su portentosa voz se apoderó de las noches caraqueñas como la reina indiscutible del latin jazz.

Cantó en español, portugués, italiano e inglés. En todos, sin excepción, enamoró con su talento y entrega, independientemente del género. Versátil y atrevida se paseó por la onda nueva, el bossa-nova y la salsa.

Articulo relacionado: Murió la cantante María Rivas, intérprete de «El Manduco»

Hizo una llave memorable con el maestro Aldemaro Romero y en su repertorio incluyó temas emblemáticos de Juan Vicente Torrealba. Al primero le unió una gran amistad, fundamentada en el respeto y la admiración.

Como muchos artistas, se fue de Venezuela obligada por la crisis, pero siempre tuvo la esperanza de regresar. Precisamente los sentimientos de inmigrante y tener que iniciar su carrera desde 0 en Estados Unidos la llevó a grabar “De polo a polo”, un himno dedicado a todos que dejaron el país para perseguir sus sueños, pero arropados por la melancolía.

El manduco, su marca personal

Transcurría el año 1992. La joven Rivas, quien tenía 33 años para esa época, se transformó en un fenómeno musical gracias a su canción más recordada y que se convirtió en marca personal “El manduco”. No solo se consolidó en las listas de las estaciones de radio, sino que creó una especie de culto. Se bailaba en las fiestas, pero también en los actos escolares. La importancia de este sencillo llegó a ser comparable al emblemático “Canto al pilón”.

Su repertorio incluye El motorizado y El mapale, pero ninguno superó al tema que cuenta la historia de “la comadre Josefina”, esa que dejó de prestar el manduco (una piedra de río que se usa para lavar), porque su marido la usaba para pelear.

Fue diagnosticada con cáncer en 2014. Cumplió con su tratamiento, se recuperó, grabó “Motivos” y fue nominada al Grammy Latino. Todo marchaba bien, pero sus ojos azules se apagaron cuando aún tenía mucho que contar… y cantar.

Fuente:2001.ve